La financiación de la empresa PHC en la R.D. del Congo

Las comunidades afectadas por las plantaciones de la empresa Plantations et Huileries du Congo (PHC) se han visto privadas de sus tierras ancestrales desde 1911, cuando el fundador británico de PHC y cofundador de la empresa mundial de alimentos Unilever, el industrial Lord Leverhulme, convirtió sus palmerales en plantaciones industriales de palma aceitera en un área de 750.000 hectáreas. Las comunidades nunca dieron su consentimiento para que sus bosques se convirtieran en plantaciones de palma aceitera. Durante estas décadas las comunidades han demandado justicia, y la respuesta ha sido la represión y a la violencia.

Hasta hace poco, las operaciones de PHC eran propiedad de Feronia Inc., una empresa financiera canadiense que había comprado la empresa a Unilever en 2009.

En junio de 2020, Feronia Inc. se declaró en quiebra, a pesar de haber recibido desde 2013, un apoyo financiero de más de 150 millones de dólares de Bancos de desarrollo europeos. El colapso de Feronia Inc. podía haber sido una gran oportunidad para comenzar a reparar la ocupación de tierras comunitarias de PHC en la época colonial del Congo por un país europeo. Podían haber explorado formas de traspasar los derechos de concesión o las propiedades a las comunidades en los terrenos de HPC. Eso no les interesaba. Por el contrario, los bancos de desarrollo entregaron los activos de PHC a la empresa Straight KKM, y aceptaron una cancelación masiva de la deuda de PHC.

La inversión de la banca de desarrollo en Feronia-PHC revela aspectos estructurales que explican por qué las inversiones en la agricultura industrial son polémicas y están plagadas de conflictos. La Inversión continúa en un modelo colonial de desarrollo basado en la apropiación de tierras comunitarias, la destrucción de la resiliencia comunitaria y la explotación de los aldeanos como trabajadores con contratos a corto plazo. Cuando los bancos de desarrollo invirtieron en Feronia-PHC las comunidades ya habían rechazado este modelo de plantación y exigían la devolución de sus tierras ancestrales para poder seguir otro modelo de desarrollo.

Desde la crisis financiera de 2008 los fondos de capital privado se han dirigido a inversiones agrícolas, aunque sin experiencia en ese sector, solo para captar para sus propios fines comerciales, las “inversiones públicas” dedicadas al “desarrollo”. Este dogmatismo de los bancos de desarrollo mantiene a las comunidades en y alrededor de las plantaciones de PHC en la R. D. del Congo en la pobreza, trabajando como jornaleros en sus tierras ancestrales y expuestos al acoso y a la violencia regulares de los guardias de seguridad de la empresa. 

Por el contrario, es evidente el enorme potencial de caminos alternativos que hay cuando las comunidades tienen control sobre sus tierras ancestrales. Varias comunidades en uno de los sitios de plantación de PHC han logrado una autonomía y niveles de ingresos nunca conseguidos como jornaleros en las plantaciones de PHC.

En la actualidad, los bancos de desarrollo financian empresas con conflictos (de tierras) no resueltos, siempre que el cliente se comprometa a establecer un mecanismo de reclamación, prometer implementar planes de acción social y / o participar en la certificación de terceros como una forma de demostrar su compromiso en la resolución de conflictos. Muchos bancos de desarrollo también han establecido sus propios mecanismos de reclamación. Sin embargo, en general, estos mecanismos están resultando inadecuados para resolver conflictos sobre el legado de tierras. Por el contrario, estos mecanismos corren el riesgo de exacerbar el conflicto, provocar violaciones de derechos humanos y socavar la organización comunitaria para la restitución de sus tierras ancestrales. Los mecanismos de reclamación, que son cada vez más populares entre los bancos de desarrollo, han sido una gran frustración para las comunidades y la sociedad civil. En el caso de Feronia-PHC, las comunidades que presentaron la denuncia ante el banco de desarrollo alemán DEG 20 en noviembre de 2018 han esperado más de dos años para que la mediación solicitada comience.

Los bancos de desarrollo y la expansión de los monocultivos en el continente africano

PHC no es el único caso en el continente africano donde los bancos de desarrollo han promovido programas y proyectos para la expansión de monocultivos industriales de árboles. En noviembre de 2020, comunidades y organizaciones de la sociedad civil de 10 países testificaron durante el primer Tribunal de los Pueblos Africanos, sobre abusos ambientales y de derechos humanos relacionados con estas inversiones. En todos los casos, excepto en uno, los bancos de desarrollo e instituciones financieras internacionales están involucradas, no solo a través de préstamos o inversiones, sino también a través del apoyo político y programático a nivel nacional y regional.

Es el caso en Ghana, SIAT SA adquirió sus plantaciones a través de un programa fallido del Banco Mundial que tenía como objetivo establecer plantaciones de palma aceitera y caucho en varios países de África occidental y central en las décadas de 1970 y 1980. El Banco Mundial otorgó préstamos a los gobiernos, pero en la década de 1990, las plantaciones estatales acumularon grandes deudas por lo que los gobiernos se vieron obligados a privatizarlas. Otro ejemplo son las plantaciones de árboles controladas por Green Resources AS en Uganda, Tanzania y Mozambique. Incluso el Banco de Desarrollo de China financió a Golden Veroleum Liberia (GVL), de tal manera que una mujer declaró en el tribunal: “La plantación quiere crecer, pero nosotros queremos vivir”.

Y la lista de empresas de plantaciones controvertidas financiadas por bancos de desarrollo continúa. Estas plantaciones industriales suelen ser inversiones de alto riesgo. Tampoco son empresas necesariamente saludables en términos de beneficios. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo ¿por qué los bancos de desarrollo continúan financiando un modelo de producción de la era colonial que es sistémicamente perjudicial y no conduce al desarrollo?

Con este dinero de los bancos de desarrollo se hubiera podido construir infraestructuras muy necesarias, apoyar a los sistemas alimentarios locales y la soberanía alimentaria de las comunidades y mejorar los servicios de salud. En cambio, los bancos de desarrollo invirtieron los fondos en una empresa sin experiencia previa en el manejo de plantaciones de palma aceitera.

La realidad fue que los bancos de desarrollo por ejemplo pagaron a FeroniaPHC – supuestamente con el objetivo de financiar el «desarrollo» – que ésta se gastó en salarios de ejecutivos, para directores de empresas europeos, gastos de viaje, equipos legales y consultores y alquiler y otros honorarios a un poderoso político congoleño.  Las comunidades solo vieron unas pocas migajas…

Blanca Bergareche, Ibvm, para la Antena África Europa Fe- Justicia Madrid AEFJN

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