Sólo las personas que aman de verdad…

La pandemia que estamos viviendo nos ha traído pérdidas y sufrimiento. Pero también nos ha ayudado a recuperar valores esenciales y sacar de nosotros lo mejor que tenemos y dar respuestas que nunca hubiéramos imaginado.

En este contexto, os comparto mi experiencia.

Un hogar de menores. En marzo 2020 conviven ocho niños y niñas de entre 2 y 13 años en un piso sencillo. Cuando se decreta el confinamiento, surge la pregunta que se han hecho muchas familias, ¿cómo vamos a arreglarnos durante 24 horas sin espacio suficiente y la prohibición de salir a jugar al parque? ¡tantas personas en tan poco espacio!

El cielo se abre y ¡entra un rayo de sol! Cinco educadores se ofrecen para llevarles a sus casas. Cada educador un niño o niña según su situación familiar personal.

Tanto las familias como los niños, vivieron una nueva experiencia durante el confinamiento, compartiendo mantel, juegos, risas y dificultades.

La vuelta al hogar y el encuentro con sus compañeros y compañeras fue gozosa pues las video llamadas funcionaron y los educadores continuaban acompañándoles.

¡Gracias a todas las personas que silenciosamente han acompañado a tantas personas en diferentes situaciones!

Mientras escribo esta real historia de entrega que ha contribuido a crear espacios de calor humano, resuenan en mí las frases de Mary Ward y del profeta Isaías:

«Sólo las personas que aman de verdad son fuertes y capaces para todas aquellas obras buenas que habrán de hacerse en este mundo».

«El espíritu del Señor me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres».

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