
Aún hoy estamos recordando tanto gozo y reposando tanta entrega. La fusión IBVM/CJ nos dejó un poso de alegría verdadera y consciente de una celebración donde el preámbulo no fue menos importante. Un proceso de discernimiento largo y sincero que, a mi entender, sólo pudo ser guiado por el Espíritu. Ese poso que nos dejó la Fusión el 4 de noviembre en Loyola sigue guardado en un rincón de nuestros corazones para recurrir a él y volver a dar las gracias por el carisma de Mary Ward e Ignacio de Loyola. Como nos compartió Carmel Swords, “ha sido un viaje apasionante que ha exigido esperanza, valentía y riesgo. Hemos sido desafiadas, hemos salido de nuestra zona de confort y hemos cambiado. El magis —¿qué más puedo hacer por Cristo y por los demás?— ha sido nuestra estrella polar”. Después de escuchar estas palabras en la celebración, los laicos poco más podemos decir. Estas mujeres nos han dado un ejemplo de valentía y generosidad extremos. Sólo nos queda darles las gracias y seguir su ejemplo para continuar, en la medida de cada uno, siendo personas fuertes, decididas, alegres (que es lo que se ha respirado en todo el proceso) y dispuestas a ser moldeadas por Dios.
Fuimos muchos laicos, parte de la familia Mary Ward, los que tuvimos la gran suerte de estar presentes en esta celebración. Otros, por diversas circunstancias, no pudieron hacerlo. Pero se les sintió cerca y, desde donde estaban, vivieron también un día muy especial. Profesores, amigos, personal de Administración y servicios de la Fundación educativa Mary Ward, nos unimos ese día, en corazón y alma. Tengo claro que formamos una comunión laicos/religiosas en la que mutuamente nos apoyamos, ayudamos y caminamos juntos siguiendo las huellas de Mary Ward y de Jesús de Nazaret.

Como nos recuerda Lourdes Arenado, familia Mary Ward y profesora del colegio Irlandesas Bami (Sevilla), la experiencia de estar presente en la celebración de la fusión IBVM/CJ, no empezó ese día.
“Mi experiencia comenzó antes de que llegara el 4 de noviembre porque sabía que iba a ser un momento especial y muy emotivo tanto por el lugar, Loyola, como por el motivo que nos había convocado. No me equivoqué, es más, todo lo vivido ese día y medio superó mis expectativas. Quiero expresar en cuatro palabras lo vivido:
- Agradecimiento: Gracias al Instituto por invitarme. Gracias por hacerme sentir parte de la familia Mary Ward. Gracias por mostrar de una manera tan apasionante el carisma vivo de Ignacio y Mary Ward.
- Universalidad: Impresionante lo que sentí en la celebración viendo lo que unía a mujeres de todo el mundo con un mismo sentir. “Un sólo corazón y una sola alma”.
- Alegría: Desbordante y sincera. Una alegría que venía de Dios. Una alegría compartida al sentir en el corazón que el sueño de Mary Ward se había cumplido.
- Generosidad: Para mí, el momento más bonito y emotivo fue la entrega por parte del Instituto de sus constituciones y acoger lo nuevo, sin un atisbo de racanería, todo lo contrario, con una generosidad que emocionaba. Esto no sale porque sí. Se palpaba la oración, el discernimiento, la entrega, el convencimiento y la generosidad que había detrás de todo este momento.
Hoy día, meses después, de vez en cuando sigo mirando alguna foto o algún pequeño video para recordar lo vivido y seguir dando gracias a Dios por llamarme a vivir este carisma”, cuenta Lourdes Arenado.

Cristina Martín, familia Mary Ward y profesora del colegio Irlandesas Bami (Sevilla) también nos recuerda ese espíritu de familia y alegría que pudimos sentir y disfrutar todos.
“La vivencia de ese momento tan maravilloso llegó para mí como un regalo ese noviembre. Nada más poner un pie en Loyola, ya se respiraba alegría, ilusión y júbilo en el ambiente; además, había un cierto aire a «por fin», esa sensación tan placentera de conseguir algo que llevas deseando con fuerza durante mucho tiempo.
Era su día, el día de todas las religiosas que tanto habían esperado ese cierre de ciclo, esa unión para ser una sola unidad. A nosotros solo nos salía sonreír de oreja a oreja, era una felicidad contagiosa. Todo eran pañoletas amarillas anudadas al cuello con orgullo, eran colores en trajes típicos de distintos países, era un precioso altar cargado con un simbolismo espectacular, y lo más importante, nuestra querida Mary Ward en el centro de todo.
¡Verdaderamente fue un día que nunca olvidaremos todos aquellos que tuvimos la suerte de disfrutarlo y yo no puedo estar más agradecida por ello!”, dice Cristina Martín.
Aquel 4 de noviembre de 20025 en Loyola, recordamos lo que Mary Ward fundó siguiendo la voluntad de Dios pese a las muchas dificultades vividas: un sólo Instituto. Ella no creó las distintas ramas ni muchísimo menos. Fueron los distintos momentos de la historia, el poder de los reinos, el ser mujer, el no ser entendida por la Iglesia (a la que consideraba su Madre) … lo que provocó ese “gobierno” distinto entre las distintas casas. Ella fundó una sola familia y cientos de años después, unas mujeres valientes que nunca dejaron de soñar y de creer en su fundadora y en la llamada de Dios, consiguieron hacer realidad un sueño que teníamos todos. No fue el sueño de Mary Ward lo que celebramos el 4 de noviembre en Loyola, sino nuestro sueño de ver recuperado lo que ella fundó y el regalo que Dios hizo a la Iglesia: Un sólo cuerpo, una sola congregación, un sólo carisma. La congregación de Jesús.
A muchos nos ha costado “ceder” el nombre del Instituto de la Bienaventurada Virgen María y comenzar a llamarnos “Congregación de Jesús”. ¡Qué ilusos somos! Conocemos el deseo de Mary Ward de llevar el nombre de Jesús en su fundación, cosa que no fue posible por las diferencias históricas con la Compañía de Jesús. ¡Ni que a Ignacio de Loyola le hubiera importado! Aquí veo la diferencia entre identificarte con algo o tener un sentido de pertenencia. Ya llevamos 7 meses siendo Congregación de Jesús y ahora entiendo que mi sentido de pertenencia es más fuerte que mi identificación. Soy familia Mary Ward, soy de la Congregación de Jesús.



El Padre Arturo Sosa, Superior general SJ, nos recordó en su homilía del 4 de noviembre que “el Señor está a punto siempre de hacer algo nuevo. ¿No lo percibes? Ahora tenéis una nueva congregación. Eso significa que, en cierta medida, se encuentran en territorio desconocido y deben buscar nuevas maneras. En territorio familiar es fácil detectar los puntos de referencia. Ahora se encuentran en territorio nuevo. Por lo tanto, tienen que mirar con más atención, con mayor discernimiento, para ver la obra del Señor y percibir los nuevos puntos de referencia. En cierto modo, puede ser como mirar a través de la niebla o la bruma, donde ya nada es definitivo. Eso da miedo. Tienen que ayudarse unas a otras a mirar, a ver… a ver de verdad. Recordemos la escena del capítulo 21 de Juan, después de la resurrección. Los discípulos, liderados por Pedro y desilusionados después del Calvario, deciden ir a pescar. No pescan nada. Entonces Jesús aparece en la orilla. Juan lo reconoce en la niebla matinal: «Es el Señor». Ese proceso de reconocimiento formará parte de esta nueva congregación y será esencial para el éxito del Evangelio: ser capaces de reconocer al Señor y señalárselo unas a otras, siempre con un nuevo entusiasmo, una nueva energía, un nuevo «comienzo», cada día un nuevo «Sí» que deja atrás las telarañas de la duda o el miedo”.
Todo esto lo expresa muy bien Marcos Aguilar, familia Mary Ward y profesor del colegio Irlandesas Loreto (Sevilla):
“Recordad que formáis parte de una historia”. Estas palabras expresadas por un sacerdote ajeno al colegio pero que por circunstancias presidió la eucaristía de Mary Ward hace unos años se hicieron muy presentes en el encuentro de Loyola del pasado 4 de noviembre. Fe, diversidad, profundidad, sencillez, alegría, cariño sincero y acogida –no hay palabras que expresen nuestra gratitud profunda en aquel momento-, futuro…, vividos en cada gesto, saludo, encuentro, conversación, liturgia: ¡Gracias por tanta Verdad!
Se unieron vivencias y recuerdos sencillos, intensos, cotidianos con religiosas (montar una tienda de campaña para preparar un Camino de Santiago, conversaciones en viajes y sala de profesores, formaciones, compartir lecturas, Campos de trabajo, JMJ de Madrid… ¡VIDA! Y junto a esto, la memoria y el recuerdo agradecido por tantas personas que a lo largo de más de cuatro siglos han mantenido de forma firme, paciente, dejándose llevar por el “viento del Espíritu”, el camino hacia la unión definitiva de la familia Mary Ward. Vivimos emocionados este momento histórico, conscientes de que formamos realmente –también nosotros: profesorado, personal de administración y servicios- parte de esta singular historia”, cuenta Marcos Aguilar.

También nos recordó el Padre Sosa, que “Mary Ward y todas sus compañeras contemporáneas y actuales son unas detectives de la gracia que tratan de discernir lo que Dios está haciendo y de señalarlo a los demás. Nuestro Dios apasionado está activo y vivo en nuestro mundo, yendo delante de nosotros. Ella buscó a Jesús con pasión y perseverancia. En los momentos de oscuridad y traición, ante tantos obstáculos, encontró los momentos suficientes en los que pudo ver al Señor resucitado delante de ella. Y eso fue suficiente. Y gracias a ella, hace tantos años en el pasado, ustedes se encuentran aquí en el presente. Cada una de ustedes está llamada hoy al mismo camino: seguir buscando a Jesús con pasión y perseverancia, sin rendirse nunca… sin rendirse nunca. El Señor es siempre fiel. Él nos llama: ayer, hoy y siempre”.
Para terminar, sólo podemos decir que, de la celebración, todos salimos tocados de manera especial por el Espíritu Santo. Por ello, no podemos hacer otra cosa (es de derecho) que abrazar este nuevo camino seguros de que Dios nos acompañará.
AMALIA GONZÁLEZ
Amalia es profesora del colegio Irlandesas Aljarafe, de Sevilla, escribió este texto para la revista anual de la Asociación Alumni de Irlandesas de Sevilla.