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El pasado domingo 19 de julio, Ferrán Torres marcó el gol que dio a España la victoria en el Mundial de Fútbol de 2026. Fue en el minuto 106 de partido. Cuando parecía que el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo colectivo no tendrían la recompensa merecida. Sin embargo, la selección no dejó de creer. Siguió jugando, respetando su estrategia y confiando en el equipo hasta que llegó el esperado gol. Esta victoria nos recuerda una lección sencilla, pero poderosa: los grandes objetivos solo se alcanzan cuando nadie abandona el partido antes del pitido final.

Quizá por eso Annalena Baerbock, presidenta de la Asamblea General de la ONU, ha recurrido en distintas ocasiones a la imagen de un Mundial de fútbol para explicar el desafío de la Agenda 2030. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son el gran campeonato de nuestro tiempo. Un torneo en el que no compiten unos países contra otros, sino toda la humanidad frente a desafíos compartidos: la pobreza, el hambre, las desigualdades, la emergencia climática o la pérdida de biodiversidad.

Hace unos días concluyó en Naciones Unidas el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible (HLPF), el principal espacio donde los países revisan cómo avanza este gran partido. El balance presentado en el Informe de los ODS 2026 deja un sabor agridulce. Hay avances que demuestran que el esfuerzo da resultados: más personas tienen acceso a la energía, la salud y la educación siguen mejorando en muchas regiones y la transición digital abre nuevas oportunidades. Pero el ritmo sigue siendo insuficiente. Los conflictos armados, la crisis climática, el aumento de las desigualdades y la falta de financiación están haciendo que muchos objetivos se alejen en lugar de acercarse.

Sería fácil interpretar este diagnóstico como una derrota. Pero el fútbol nos enseña precisamente lo contrario. España no ganó el Mundial gracias a la genialidad de un único jugador. Ganó porque durante todo el partido hubo un equipo comprometido, una estrategia compartida y la determinación de seguir luchando cuando el cansancio invitaba a rendirse.

La Agenda 2030 necesita exactamente esa actitud. También necesita respetar las reglas del juego. En el fútbol, sin árbitro, sin normas y sin juego limpio, el campeonato pierde todo su sentido. En el desarrollo sostenible ocurre lo mismo. La cooperación internacional, el cumplimiento de los compromisos adquiridos, la solidaridad entre países y la defensa de los derechos humanos son las reglas que permiten que el partido pueda ganarse entre todos.

Quedan cuatro años para llegar a 2030. El marcador no es el que nos gustaría, pero el partido aún no ha terminado. El HLPF 2026 nos ha recordado que todavía estamos a tiempo de cambiar el resultado. Como hizo España en la final del Mundial, ahora toca seguir creyendo, jugar en equipo y luchar hasta el último minuto. La victoria compartida será dejar a las próximas generaciones un mundo más justo, más sostenible y más humano.

Responsable de la red JPIC

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