Hoy queremos compartir las reflexiones de una joven religiosa del Instituto, Sarah Rudolph, de Canadá (a la que podéis ver aquí). En su blog, titulado Love, the driving force, Sarah recoge desde octubre de 2014 su proceso de formación dentro del Instituto. Hace unos días compartió por escrito sus sensaciones ante la situación que ha provocado el coronavirus. 

Como muchas otras personas, vivo pegada a las noticias. Una y otra vez, he escuchado las palabras sin precedentes y nunca antes utilizadas para describir la vida que ahora estamos viviendo en medio de la pandemia de COVID-19. Hemos entrado en un momento de intensa solidaridad global, que es nuevo para la mayoría de las generaciones vivas hoy. Nosotros, como sociedad global, tenemos el potencial de transformarnos en algo nuevo y mejor de lo que éramos antes. Pero no sabemos dónde estamos en todo esto (..)
 
A medida que la pandemia progresa, noto movimientos interiores significativos dentro de mí. Hace tres semanas estaba simplemente fascinada por lo que estaba sucediendo. Habiendo trabajado anteriormente para la Agencia de Salud Pública de Canadá, me cautivaron los esfuerzos de respuesta. Sentía nostalgia por mi antiguo trabajo y estaba asombrada de lo que parecía ser un desarrollo suave y una respuesta coordinada en todo el país.
 
Sin embargo, mi fascinación se ha convertido en preocupación y ansiedad. Los miembros de la familia se han visto afectados por la pérdida de empleos, y muchas personas continúan enfermando y muriendo. Lo hipotético se ha vuelto muy real y lo real da miedo. (….) Como resultado, he estado lidiando con el sueño por las noches. A menudo me despierto con pensamientos de pánico por las personas en las UCI de hospitales que se quedan sin aliento, por las familias que luchan para llegar a fin de mes debido a la falta de ingresos, por las personas en las calles que enferman sin tener dónde ir y nadie que cuide de ellos.
 
Por mi parte, hago lo que se supone que debemos hacer: distanciamiento social y conexión virtual con la gente. (…) Estoy rezando con mi comunidad y haciendo mi parte para cuidar de ellas y de mí misma. No puedo salir y hacer voluntariado, como estoy acostumbrada, pero sí puedo preparar comida para las personas sin hogar (…). No parece suficiente, pero es todo lo que puedo hacer en este momento. Estoy muy agradecida con aquellas personas que pueden estar presentes para quienes más lo necesitan en este momento. 

Finalmente, lo que me trae más esperanza y alegría en este momento de sufrimiento global es el descubrimiento de todas las diversas formas, grandes y pequeñas, de que podemos hacer el bien juntos, el uno para el otro, y que lo estamos haciendo de una manera sin precedentes.

Por Sarah Rudolph, Ibvm

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