Vivencias que enseñan vocación amorosa

He recibido en estos días un mensaje por WhatsApp de una mujer que conozco hace tiempo, compartiendo fotos de su nieta.

Una mujer que ha tenido una vida muy difícil, abandonada por su madre, criada por familiares que luego abusaron de ella. Formó pareja con un hombre alcohólico y violento. Tuvo tres hijos, a uno de ellos lo mataron las pandillas y otro de ellos murió de una enfermedad y falta de recursos de salud de su país. Este hijo dejó una niña, su nieta.

Ella casi no sabe leer ni escribir, por eso envía audios para comunicarse y fotos de su nieta. Una mujer que ha sufrido lo indecible y la sonrisa de su nieta, la vida que continúa, da alegría a su vida.

Ella me enseña una y otra vez el valor de la vida, el gusto por lo simple, a relativizar nimiedades. Una vez más su mensaje hizo presente el regalo de Mary Ward «Que su vocación sea constante, vigorosa y llena de amor».

Su vocación de madre, su vivencia de mujer me enseña de vocación amorosa.

 

[La foto es de El Salvador, lugar donde compartí tiempo con ella.]

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