
PENTECOSTÉS
Juan 20,19-23
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”.
La fiesta de Pentecostés nos invita, nos anima y nos conduce a la certeza de que realmente necesitamos acoger al Espíritu Santo, necesitamos abrirnos a un nuevo rumbo y nos necesitamos las unas a la otras en la misión que el Instituto de Mary Ward tiene encomendada.
Mary Ward fue conducida por caminos desconocidos para las mujeres de su tiempo por su atención a los movimientos del Espíritu y su experiencia de discernimiento. Comprometidas en seguir sus pasos buscando “encontrar a Dios en todas las cosas” en lo que ella llamó ‘la libertad de referir todo a Dios’.
Mary, guiada por el Espíritu, creyó que las mujeres no debían tener miedo de emprender nuevos caminos al servicio de la Iglesia, y estar abiertas y dispuestas a responder a los signos de los tiempos.
Nuestra manera de vivir el evangelio hace que seamos mujeres apostólicas en la Iglesia, que promovemos la fe en Jesucristo desde el compromiso con la justicia, disponibles donde la necesidad sea mayor y todo ello enriquecido desde la vivencia de mujeres contemplativas en la acción.