ORACIÓN PARA EL SÁBADO SANTO

Acompañando a María en su Soledad

Madre silenciosa,
hoy el mundo guarda silencio contigo.
El Hijo ha sido puesto en el sepulcro
y tu corazón, atravesado por el dolor,
espera en la oscuridad.

No hay palabras que consuelen,
ni certezas que alivien.
Solo queda la fe desnuda,
la esperanza sembrada entre lágrimas,
la promesa aún no cumplida.

Te acompañamos, María,
en el misterio del “todavía no”,
sabiendo que incluso en la noche más oscura,
Dios obra en lo escondido.

Queremos aprender de ti,

a confiar cuando todo parece perdido,
a creer cuando no hay señales,
a quedarnos cuando otros se van.

Como tú, queremos creer contra toda esperanza,
y permanecer fieles al Dios que parece ausente,
pero que nunca abandona.


Esta actitud de fortaleza y confianza también la vivió Mary Ward en los momentos más difíciles de su misión. En su camino encontró rechazos, incomprensión y tiempos de incertidumbre, pero nunca dejó de creer en la obra de Dios; así como María sostuvo la fe en la promesa de Dios en medio del dolor y el silencio, Mary Ward también confió en que la verdad de su misión prevalecería, incluso cuando parecía imposible. Como María en el Sábado Santo, supo esperar con paciencia activa, confiando en que la luz de la Resurrección llegaría.

Hoy, en nuestras propias pruebas y tiempos de espera, María y Mary Ward nos enseñan que la fe verdadera no es solo creer en la alegría del Domingo de Resurrección, sino también sostener la esperanza en la aparente oscuridad del Sábado Santo. Porque en el silencio de Dios, su amor sigue obrando.

 

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