
ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Hechos 1, 1-11 y Lc. 24, 46-53
El tiempo de Pascua fue para los discípulos un tiempo que les sirvió para fortalecer su esperanza, para cobrar vida en la misión y llenarse de gozo. Su corazón ardía en cada uno de los encuentros que tuvieron con Jesús. Él les fue preparando para vivir la nueva etapa marcada por la presencia del Espíritu. Estamos cerca de esa venida y, al igual que ellos, tenemos que estar preparadas para recibirlo.
En el texto de los Hechos de los Apóstoles se nos narra la Ascensión del Señor. […] “se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”
Jesús regresa al Padre, pero sigue en la vida de la comunidad, de nuestras comunidades a través de nuevas formas de presencia:
Primero a través del Espíritu quien nos enseñará todo, nos llenará de una fuerza interior que contribuirá a acabar con nuestros miedos y nos ayudará a disipar nuestras dudas.
Segundo a través de la comunidad que se hace misionera y es testigo del cambio que se ha dado en ellos al vivir la experiencia de Jesús.
No podemos quedarnos plantadas, salgamos a anunciar los valores del reino. Salgamos de nuestra zona de confort, de nuestras seguridades y ayudemos a tantos hombres y mujeres sedientos de Paz, Justicia y Amor.
En el evangelio se nos dice: […] “y mientras los bendecía, se separó de ellos” Qué importante es este gesto de Jesús. Nosotras somos herederas de esta bendición. El ser bendecidas por Él en nuestra misión ha de llenarnos de alegría. Los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría. Sigamos su ejemplo y volvamos a nuestras comunidades con la alegría de saber que Jesús está siempre con nosotros.
Recordamos a Mary Ward
“Proceder como Cristo era la parte de la gracia que deseaba para mí. En ello se descifraba toda la felicidad que yo anhelaba para mí en esta vida, pareciéndome mejor a mí que, cualquier otro favor… Quería abrazar, con gran amor, todo lo que me hace semejante a Cristo, en la vida y en la forma de vivir. (VP5)
“Nuestra alegría, seguridad y progreso no consisten en la riqueza, grandeza y favor de los príncipes, sino en tener libre y franco acceso a Dios de quien toda grandeza y fuerza provienen.” (Vita E 195/6)