El amor de Dios nos sostiene

Pili estudió Derecho. Su familia la animó porque creían que era una buena oportunidad para “ser alguien” en la vida. Mientras cursaba sus estudios comenzó a trabajar en una residencia de ancianos con otro título de auxiliar de enfermería que ya tenía. Hoy lleva trabajando en esa residencia más de 20 años. Atendiendo, limpiando, alimentando… acompañando. Poniendo un poco de luz en miradas que se apagan.

Pili hoy es muchas cosas; es madre, esposa, amiga, vecina… pero es en su trabajo donde reconoce a Jesús con más fuerza cada día. Este año, especialmente complicado por el sentimiento de soledad que carcome lentamente a muchos de los residentes, el trabajo de Pili ha resultado crucial para hacer sentir a muchos que no están solos. Ante el sufrimiento, el dolor y la pérdida, de residentes y familiares está la esperanza, está la alegría. Una sonrisa cada mañana, una mano amiga, una caricia (con PCR), un tiempo compartido. Acompañados nos hacemos más fuertes, más justos y más libres.

En esa fina línea entre el hacer y el ser ¿Qué es lo que nos hace seguir y nos motiva cada día a sonreír, luchar, trabajar por aquello que amamos? La certeza del Amor de Dios que nos tiene y nos sostiene. En estos días tan extraños, donde lo inamovible puede caer, donde no existe verdad absoluta, donde todo es efímero, menos Dios.

También Mary Ward vivió y murió con la firme convicción de una profunda fe en el resucitado. Sintiéndose amada y acogida, aún en las más difíciles circunstancias. Con un corazón alegre, esperanzado, siempre en movimiento, libre.

«La felicidad de este estado consistía en una singular libertad para referirlo todo a Dios». M.W.

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