Con un gran respeto y un cariño inmenso, quiero reflexionar sobre Concepción Arenal, que contribuyó a eliminar las injusticias que encontró en nuestras prisiones allá por 1863, y a favorecer a las presas que estaban hacinadas, sin darles ocupación que pudieran formarlas y rehabilitarlas.

Quiso dársela para que se pudieran levantar ellas mismas. Se arriesgó de tal manera en la defensa de la persona caída, que perdió su puesto de la primera mujer Visitadora de Prisiones, por ser libre en su sinceridad y luchar para que triunfara la justicia.

He tenido la alegría de ser amiga de su biznieta Ernestina García Arenal, conocida como Mother Angels, religiosa del IBVM, y me ha recordado su personalidad, en su fe profunda y su carácter recto y leal, que además se enriqueció con el carisma de Mary Ward, y dedicó tantos años a la educación, sabiendo que ello era el mejor tesoro para vivir con dignidad y valentía la vida.

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