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Invierte en la paz: para todas las personas, en todas partes y todos los días

El 21 de septiembre celebramos el Día Internacional de la Paz, una jornada proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para fortalecer los ideales de paz y promover, en medio de las personas y los pueblos, una cultura de diálogo, respeto y no violencia.

El lema de este año nos propone una palabra especialmente significativa: “Invertir en la paz: para todas las personas, en todas partes y todos los días”. Invertir en paz significa reconocer que la paz no es algo que podamos dar por supuesto ni una realidad que llegará por sí sola cuando terminen las guerras. Es una tarea que requiere compromiso, cuidado y perseverancia. Naciones Unidas nos recuerda este año que la paz se construye también desde abajo: en las comunidades, en las escuelas, en los barrios, en las familias. Allí donde las personas se encuentran y deciden tender puentes en lugar de levantar muros.

Invertir en paz es invertir en las personas. En educación, en diálogo, en justicia, en solidaridad, en oportunidades para quienes quedan en los márgenes. Es cuidar las relaciones, aprender a escuchar a quien piensa diferente, buscar caminos de reconciliación y no acostumbrarnos a la violencia, venga de donde venga.

Porque la paz no consiste solamente en la ausencia de guerra. La paz comienza allí donde elegimos no responder al miedo con más miedo, a la violencia con más violencia, al enfrentamiento con más enfrentamiento.

Una paz desarmada y desarmante

En este camino nos ilumina especialmente la invitación que el papa León XIV ha repetido desde el comienzo de su pontificado: estamos llamados a construir una “paz desarmada y desarmante”.

En su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2026 nos recordó que la paz de Jesús es “desarmada” porque su camino fue un camino no violento: “Envaina tu espada” (Jn 18,11). Y es también “desarmante” porque la bondad, la humildad, la acogida y la apertura al otro tienen la capacidad de transformar los corazones.

Es una propuesta profundamente evangélica y, al mismo tiempo, profundamente concreta.

Desarmar la paz significa desarmar también nuestros corazones. Significa revisar aquellas actitudes que alimentan la confrontación, la desconfianza, el desprecio o la indiferencia. Significa atrevernos a escuchar antes de juzgar, a comprender antes de condenar, a buscar el encuentro antes que la victoria.

León XIV lo expresa con claridad cuando afirma que la paz no es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo; no nace de las victorias sobre un enemigo, sino de sembrar justicia y perdón.

Y esta llamada no se dirige únicamente a quienes tienen responsabilidades políticas o institucionales. Nos implica a todas y todos.

En un mundo marcado por guerras, desplazamientos, violencia y polarización, podemos sentir que nuestros pequeños gestos tienen poca importancia. Sin embargo, la paz necesita también de esos pequeños gestos. Necesita personas y comunidades que se nieguen a alimentar el odio, que mantengan viva la esperanza y que sigan creando espacios de encuentro.

Por eso, invertir en paz es también invertir nuestro tiempo, nuestra palabra, nuestra escucha y nuestra oración.

Hagamos de la paz una tarea cotidiana

Desde la Congregación de Jesús queremos hacer nuestra esta llamada y animar a todas las personas vinculadas a nuestras comunidades, colegios, proyectos y grupos a preguntarnos:

¿Dónde puedo sembrar paz hoy?
¿Qué relación necesita de mí una palabra de reconciliación?
¿Qué gesto concreto puedo hacer para construir convivencia?
¿A quién necesito escuchar?
¿Dónde puedo abrir un espacio para el diálogo y el encuentro?

Y, especialmente con motivo del 21 de septiembre, queremos invitar a nuestras comunidades y a todas las personas que comparten nuestro camino a realizar pequeñas iniciativas locales por la paz.

Puede ser una oración comunitaria, un momento de silencio, una concentración, una vigilia, un círculo de silencio, una lectura compartida, un gesto simbólico o simplemente unos minutos para detenernos juntos y pedir la paz.

No se trata de hacer grandes cosas. Se trata de hacer visible que la paz nos importa y de recordar que no queremos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de tantas personas.

Este 21 de septiembre, hagamos nuestra la invitación de León XIV a construir una paz desarmada y desarmante.

Invirtamos en la paz.
Para todas las personas.
En todas partes.
Todos los días.

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