
La Copa Mundial de la FIFA es el evento deportivo más visto del mundo. Este año tendrá como anfitriones a México, Canadá y Estados Unidos, entre el 11 de junio y el 19 de julio.
En cada edición se baten récords de asistencia. Millones de personas se movilizan en torno a los eventos culturales y deportivos, entre los cuales se encuentran un gran número de voluntarios y trabajadores temporales, además de aficionados y turistas.
Es una celebración del deporte llena de pasión y fiesta. Pero por desgracia, tal como la historia demuestra, este tipo de mega eventos también tienen una cara oculta y sórdida: la amenaza de la trata de personas.
UNICEF, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones advierten de que la afluencia de visitantes a un país anfitrión aumenta la demanda de la industria del sexo local, y de servicios de hostelería a gran escala, que puede conllevar explotación sexual y laboral. Del mismo modo, la necesidad de construir nuevos estadios e infraestructuras ha supuesto en algunos casos, la utilización de mano de obra vulnerable de ser víctima de trata.
La trata de personas es la segunda forma de crimen organizado más lucrativa del mundo, solo después del tráfico de drogas. Y se alimenta exactamente de lo que produce un evento como este: movimiento masivo, demanda de servicios, zonas grises legales y fronteras más permeables.
La pregunta no es si en esta ocasión también va a ocurrir, la pregunta es ¿están los estados anfitriones preparados para impedirlo? México, Estados Unidos y Canadá comparten fronteras, rutas migratorias y la responsabilidad de proteger a su respectiva población. Pero hoy la cooperación entre los tres países para prevenir la trata sigue siendo insuficiente. Las legislaciones no están armonizadas. Los protocolos de identificación de víctimas varían.
El Mary Ward Centre de Toronto, en Canadá, ha puesto en marcha la campaña 2026 Riesgo Mundial. A través de información en redes y de talleres formativos dirigidos a jóvenes, quiere prevenir situaciones en las que colectivos vulnerables puedan ser víctimas de trata. Del mismo modo aumenta la visibilización sobre esta problemática global, a la vez que realiza una incidencia concreta frente a las instituciones públicas que deberían garantizar la seguridad y protección de las personas asistentes a estos eventos.
Otras organizaciones de la sociedad civil, como It´s a penalty o PACT, también han aprovechado este momento de mayor visibilidad y difusión para centrar la atención en este problema, destacar cómo la trata impacta a las personas y las comunidades, y movilizar acciones para ayudar a prevenir el abuso y la explotación.
Desde la oficina JPIC de la CJ en España también queremos llamar la atención sobre este fenómeno, informar sobre el alcance y el impacto de la trata, sensibilizar sobre la relación existente entre la demanda de los usuarios y la explotación de personas vulnerables, advertir sobre las estrategias más usadas por las redes criminales para captar a sus víctimas, y seguir apoyando los avances legislativos que incorporen los acuerdos internacionales en materia de lucha contra la trata y el crimen organizado.
Porque queremos seguir disfrutando del deporte, la pasión y la fiesta, pero respetando la dignidad y los derechos de todas y todos: TARJETA ROJA A LA TRATA.