
Tenía los votos perpetuos en el Instituto de las Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, sin embargo, pasados unos años, me fui dando cuenta de que había muchas cosas en la forma de vivir en las que no encajaba. Estoy convencida de que he sido muy afortunada en un momento difícil de discernimiento y consecuente decisión, porque tenía a dos personas acompañándome en esta ocasión: el Padre Fidel Gil Hernando, OCD, y María Noel, psicóloga. Por eso, al final, la decisión no fue equivocada, porque sentía paz y que era el camino que debía seguir.

Me acuerdo de que empezaba la “experiencia” en el IBVM el 17 de julio de 2018, cuando llegué a la Comunidad de Lejona, sin saber cómo sería y qué es lo que me esperaba. Pasados estos años, puedo decir que Dios siempre me ha estado acompañando en cada Comunidad que he estado, ya sea de paso, ya sea destinada. Estoy muy agradecida por la experiencia. No es fácil “empezar de cero”, aunque creo que siempre tenemos alguna experiencia de vida que nos aporta, sigue siendo un “empezar de nuevo”. No me canso de decir que lo más importante para mí ha sido el encuentro con las religiosas del Instituto que, al final, me enseñan mucho de sus experiencias y he recibido “mucho ánimo” de todas, sin excepción.
Ese mismo verano de 2018, fallecía mi abuela materna en Brasil. Yo estaba en Chipiona, en un campo de trabajo, y sentía que ella ya estaría cuidándome desde donde estuviera. Mi abuela fue la primera persona que se dio cuenta que yo quería ser religiosa, antes de que se lo dijera a nadie, nunca se me olvidará.

Tenía que conocer más a fondo la espiritualidad ignaciana, dado que venía de otra muy distinta, con lo cual fue un proceso muy bonito.
Tuve la oportunidad de irme a Reino Unido donde estuve haciendo la Peregrinación de Mary Ward, lo que me ayudó a situarme en toda la formación que había recibido respecto al Instituto.
Actualmente, vivo en Madrid, donde, con María José y Louise, formamos la Comunidad y colaboramos en la Parroquia San Hilario de Poitiers.
Hace unos meses, terminé el proceso de acompañamiento a un grupo de jóvenes por 3 años, que se confirmaron el pasado mes de enero, donde he aprendido mucho con su forma de ser y de ver las cosas.
Estoy terminando los estudios de Psicología. Confieso que al comienzo me costó, pero me alegro haber superado esta etapa, porque sentía que por ahí tendría que ir. Creo que no solamente el cuidado físico es importante en la vida, también es importante la salud mental. Es común centrarnos en muchas otras prioridades, sin dar la debida importancia a la salud mental, que abarca muchos aspectos de nuestra experiencia vital, aunque podemos notar que esto está cambiando poco a poco y las personas empiezan a ser conscientes de lo importante que es cuidarse.

Este año he empezado en el Proyecto “Repara”, creado para la atención a las víctimas y la prevención de abusos en la Archidiócesis de Madrid. Como sabéis, son historias muy duras, pero con trabajo se puede ir haciendo camino, para que esas personas puedan ir viendo las posibilidades de seguir viviendo. Obviamente es un proceso largo y se aprende mucho.
Considero que, en momento cruciales de nuestra vida, Dios se hace especialmente presente, enviando las personas que necesitamos tener a nuestro lado, ayudándonos a ver poco a poco con más claridad la llamada y superar lo que son experiencias más difíciles, pero que, al final, aprendemos y si somos capaces de abrirnos a las oportunidades que nos ofrece Dios para seguir adelante, encontraremos las piedras para ir haciendo camino.