Este extraño y complicado 2020 que nos ha tocado vivir marca el 25 aniversario de África Directo (primero con el nombre de Solidaridad con Malawi  y, desde 2003, ya con su denominación actual), y aprovechamos la efeméride para charlar con Lourdes y Guadalupe Martín Laborda, que forman parte del corazón de la organización. En estos años han apoyados cientos de proyectos de desarrollo (construcción de pozos, escuelas, clínicas de salud, capacitación de personal…) siempre desde una posición de igualdad con las contrapartes, con el objetivo de acompañar y compartir el camino. Las entrevistamos, en un mundo prepandemia, en la sede de la organización en Madrid. Allí nos cuentan el trabajo que llevan a cabo en el continente y nos recuerdan con mucho cariño su paso, en distintos momentos, por los colegios de las Irlandesas y su relación con las religiosas.

¿Por qué África? ¿Cómo comenzó vuestro compromiso con el continente y con África Directo? 

Las dos habíamos colaborado en Manos Unidas, precisamente en la delegación de África, por lo que ya conocíamos la zona. Al poco tiempo de dejar ese voluntariado entramos en contacto con José María [Márquez], que ya llevaba desde 1995 viviendo y trabajando en Malawi en diversas tareas de cooperación, y luego tuvimos la oportunidad de conocer in situ el trabajo que realizaban allí. Nos pareció una maravilla y, poco después, José María nos propuso formar parte de la aventura. Y, desde luego, no tuvimos ninguna duda en sumarnos al proyecto. Más tarde, vimos que era necesario y posible ampliar nuestro radio de acción a todo el continente y cambiamos el nombre de Solidaridad con Malawi a África Directo.

 ¿Qué destacaríais de África Directo?

Guadalupe: Destacaría que estamos en los lugares donde hay más necesidad, sitios en los que habitualmente no hay otras ONGs, y el hecho de trabajar siempre con personas voluntarias. Esto, que puede parecer una dificultad, porque generalmente sólo pueden estar un tiempo, es a la vez una gran fortaleza. Es como una siembra continua en personas que luego van a otros sitios, a otros trabajos, pero que llevan ya para siempre ese poso de solidaridad y sensibilidad. Todas las personas que han estado como voluntarias en África Directo dos o tres años de su vida, luego siguen siempre muy unidas a nosotros, ayudando y participando desde donde estén. El vínculo y el cariño se mantienen, perdura en el tiempo, a pesar de que provenimos de ámbitos muy diferentes.  

Lourdes: Me gustaría señalar también que nuestro trabajo con las “contrapartes”, que para nosotras son más bien “compañeras”, es de total igualdad. No es de arriba abajo. Somos socios, compañeros. No hablamos de “ayudar”, hablamos de colaborar o acompañar, porque esto es lo que hacemos, y en este acompañamiento nos enriquecemos ambos. Tenemos muy claro que si algo no viene desde las comunidades, no lo quieren o no lo piden, no sirve de nada. Africa está lleno de “elefantes blancos” (grandes proyectos o construcciones que luego no se sostienen en el tiempo). Desde Africa Directo intentamos hacer cosas realistas y que puedan ser autosostenibles, por ello siempre acompañamos los proyectos de capacitación para la población y apoyo continuado.

¿Cómo se organiza África Directo? ¿Cómo os llegan habitualmente estas necesidades, las propuestas de proyectos…?

Guadalupe: Es la llamada del Tam-Tam (risas). Generalmente es a través de contactos, personas u organizaciones que sabemos que trabajan bien, que son de confianza y que tienen arraigo en el lugar. Trabajamos mucho con congregaciones y comunidades locales; ellas nos presentan los proyectos y nosotras vemos si podemos apoyarlas. Luego se va corriendo la voz: si hacemos un pozo en un lugar o apoyamos una escuela, al día siguiente nos están llamando de otros lugares.

Lourdes: Cuando se trata de proyectos de cierta envergadura, intentamos enviar allí a personas voluntarias para que realicen el acompañamiento, durante el tiempo que dura la obra o la puesta en marcha del proyecto. Además, tanto nosotras como José María intentamos viajar regularmente al terreno, y en cada viaje visitamos varios proyectos.

Guadalupe (a la izquierda) y Lourdes (derecha), visitando algunos de los proyectos en Malawi.

 ¿Cómo funciona este voluntariado?

Lourdes: Para África Directo es importante que sean voluntariados de larga duración, sobre todo cuando es en terreno. Pero en general, esto es lo más fácil de conseguir, porque la gente que viene a hacer un voluntariado sobre el terreno tiene muy claro lo que quiere. Por nuestra parte, nos gustaría tener también voluntarios para la sede, para apoyar con la gestión de los proyectos, y esto a veces es más complicado, porque a la gente le surgen otros proyectos, trabajos… Es muy comprensible pero se hace difícil encontrar continuidad.


No nos gusta hablar de «ayuda». Hablamos de colaborar o acompañar, porque esto es lo que hacemos. Y en este camino nos enriquecemos ambas partes.


Y aquí en España, ¿cuál es vuestro trabajo?

Guadalupe: Aquí organizamos acciones de sensibilización con el objetivo de dar a conocer la realidad africana y compartir nuestras propuestas y proyectos. Hemos participado en conferencias y charlas en la universidad, en empresas… Además, organizamos algunos eventos, como el Family Day, que nos sirven para mantener el contacto con los socios y ayudar a la recaudación de fondos. La mayoría de estos eventos son en Madrid, pero uno de nuestros objetivos es aumentar nuestra presencia en otros lugares. Ahora mismo tenemos delegaciones en Casares, Sevilla, Tenerife y Alcobendas, pero estaríamos encantadas de seguir ampliando horizontes.

¿Cuál es vuestra relación con Las Irlandesas?

Guadalupe: Las dos fuimos antiguas alumnas de Velázquez, hace ya mucho tiempo. ¡Fuimos la primera generación que cambió de uniforme de azul marino a verde! Del colegio, destacaría las clases de inglés, que eran muy buenas, y la motivación que nos inculcaban por el deporte, recuerdo especialmente la pista de patinaje que teníamos allí… Y luego nuestras hijas y nietos también han ido al colegio de las Irlandesas, ya en El Soto. De aquel tiempo recordamos a muchas religiosas, y con algunas hemos mantenido un contacto muy estrecho.  

¿Cómo ha continuado esa relación a lo largo del tiempo?

Lourdes: Siempre hubo mucho cariño y continuamos viéndonos y quedando. Pero además dio la casualidad de que nosotras fuimos a vivir a La Moraleja y al poco abrieron el colegio de El Soto. Entonces, claro, decidimos llevar a nuestras hijas allí, y luego fueron nuestras nietas y nietos. Durante todo este tiempo, hemos dado clases de inglés allí, hemos sido catequistas, y siempre hemos mantenido un contacto muy estrecho con muchas de las religiosas. Nos gustaría retomar el vínculo con otras antiguas alumnas, somos muchas las personas que hemos pasado por estos colegios, y sería muy valioso poder restablecer estos lazos.

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