

Agradecimiento y reconocimiento a María de Pablo-Romero, por su empeño en dar a conocer a Mary Ward y la historia del Instituto. En su libro “Peregrina de la Esperanza” nos cuenta lo que sucedió en 1900 y como el día 2 de octubre se cumplen los 125 años de aquel inicio de conversaciones, quiero que volvamos a recordar aquellos momentos históricos.
Nos cuenta María de Pablo-Romero:

“El congreso tuvo lugar en Roma en 1900. Comenzó el 2 de octubre y las reuniones se tuvieron en el Palazzo Ricci, alquilado por un mes a sus dueños. Su objetivo principal era discutir un texto constitucional común a todas, que complementaran las Reglas de 1703. Se usaron 4 lenguas: Inglés, Francés, Alemán e Italiano y se eligió a la M. Gonzaga Barry presidenta del Congreso.
El encuentro se fue desarrollando bien durante las dos primeras semanas, luego el ambiente se fue poco a poco deteriorando debido a los diferentes puntos de vista entre Alemania, Austria e Irlanda. El 19 de octubre el Cardenal Rampolla, Secretario de Estado, dio la orden de disolver las reuniones. El origen de esta disposición parece que partió del gobierno de Baviera, que anunciaba que no podía apoyar al Instituto bajo una Superiora extranjera.
Todas las participantes, al parecer, debieron jurar fidelidad al secreto de lo ocurrido pues ninguna carta ni periódico del momento revelan las razones de la repentina clausura.
En todo caso la causa fue política no eclesiástica pues León XIII y muchos obispos apoyaron el proyecto y el Instituto también. Antes de marcharse de Roma las religiosas fuero recibidas por el Papa que les comentó: “Estoy encantado de que hayáis correspondido a mi deseo de que estéis unidas”
… En la carta de M. Gonzaga Barry a la Superiora de la casa de Roma decía así: “Durante 20 años he trabajado por la unión del Instituto… Debemos de tener una Superiora General en una Casa Madre… una estricta neutralidad es necesaria en un Instituto formado por tantas nacionalidades; por lo tanto, la Casa Madre con su cuerpo organizativo General debería estar en Roma. Por amor de Dios, no se desprendan de la casa de Roma”.
También el Cardenal Steinhuber le escribía diciendo:
“Su deseo de unión de todas las ramas del Instituto, solo ha podido estar inspirado por el Espíritu Santo cuya propiedad es unir mentes y corazones con el vínculo del amor. Continue rezando para que se quiten los obstáculos…”
Y hablando de la actitud del nuevo Papa Pio X añadía:
“He visto que Su Santidad está bien informado sobre el Instituto y muy dispuesto a promover la unión pues me comentó de manera entusiasta: – Escríbeles a las monjas y diles que les ayudaré de todo corazón. Estoy dispuesto a ello…”
— María Ward Peregrina de la Esperanza pág. 386-387
Paso a paso se ha ido forjando el deseo de UNIÓN a lo largo de los siglos y ahora lo podemos vivir nosotras… Digamos con Mary Ward y sus primeras compañeras, con Teresa Ball y con tantas Hnas. de todos los tiempos: “Bendito seas Señor, ahora y por siempre…”
ESTHER VILLAHOZ, CJ