El lunes 2 de diciembre comenzó en Madrid la 25º Cumbre sobre el Clima, más conocida como COP 25. Esta celebración ha sido una oportunidad para informarnos, movilizarnos y participar en las diversas actividades propuestas, haciéndonos conscientes de que también nuestros hábitos y estilos de vida tienen graves consecuencias para nuestra Casa Común.

La Cumbre se organizó en torno a varias áreas temáticas entre las que destacan transición energética e industrial, movilización pública, infraestructura, resiliencia y adaptación, así como financiación climática y fijación de precios del carbono. 

Desde el Instituto, nos hemos sumado a las propuestas lanzadas por la Iglesia en su Agenda Católica (preparada para la COP 21, celebrada en París), en la que proponían 10 medidas concretas, siguiendo las líneas especificadas por el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. La solución requiere una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”. (LS 139).

DIEZ PROPUESTAS DE LA IGLESIA CATÓLICA PARA EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

1.Tener en cuenta los aspectos éticos y morales del cambio climático.
2. Aceptar que el clima y la atmósfera son bienes globales comunes de todos y para todos.
3. Adoptar un acuerdo mundial justo y vinculante fundamentado en nuestra visión del mundo que reconoce la necesidad de vivir en armonía con la naturaleza y de garantizar los derechos humanos de todas las personas, incluyendo los de los Pueblos Indígenas, las mujeres, los jóvenes y los trabajadores.
4. Limitar el aumento de la temperatura global y establecer un objetivo para la completa descarbonización, con el fin de proteger a las comunidades más afectadas.
5. Que en los acuerdos globales, los países participen en función de sus responsabilidades y capacidades según el principio de equidad, sus responsabilidades históricas, y el derecho al desarrollo sostenible.
6. Garantizar el acceso de todas las personas al agua y a la tierra para la consolidación de sistemas alimentarios resilientes y sostenibles que prioricen las soluciones impulsadas por las personas y no por los beneficios.
7. Garantizar la inclusión y la participación en la toma de decisiones de los más pobres y vulnerables.
8. Garantizar un proceso de adaptación que responda a las necesidades de las comunidades más afectadas y refuerce las soluciones locales.
9. Reconocer que los responsables del cambio climático tienen la obligación de ayudar a los más vulnerables en la adaptación y la gestión de las pérdidas y daños.
10. Establecer hojas de ruta claras sobre cómo los países deberán cumplir sus compromisos financieros adicionales, de forma que se garantice una financiación equilibrada de las acciones de mitigación y de las necesidades de adaptación.

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