El próximo 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, una jornada para celebrar los avances conseguidos pero también para hacernos conscientes y reivindicar que nos queda mucho por hacer para lograr una igualdad real, que se plasme en todas las estructuras de la vida, social, económica, laboral, familiar y religiosa.

Mary Ward entendía que no había “tal diferencia entre hombre y mujer”, se sintió llamada a una vida religiosa femenina igual que los jesuitas y solicitó al Papa la aprobación de un Instituto con las mismas Constituciones que la Compañía de Jesús, pero no fue posible entonces.

Seguimos así los pasos de nuestra fundadora que no siempre fue entendida, pero que, desde su profunda fe, su absoluta confianza en Dios y su fidelidad a la Iglesia, se atrevió a cuestionar la situación del momento y contribuyó así a lograr un futuro más igualitario.

Los datos oficiales nos recuerdan que las mujeres siguen teniendo más dificultades para incorporarse al mercado laboral; son las principales encargadas de los trabajos invisibles y no remunerados como los cuidados y la vida familiar y son mayoritariamente las víctimas de trata de personas para la explotación sexual y laboral. Vivimos tiempos de feminización de la pobreza y recrudecimiento de las condiciones de vida de las mujeres migrantes, con discapacidad, mayores o sin estudios.

En estos días se llevarán a cabo distintas iniciativas para recordarnos que hay cosas que cambiar y que todavía queda mucho por hacer. Es una llamada a que cada persona, desde su libertad, sus vivencias, sus creencias y su modo de pensar contribuya a que no haya “tal diferencia entre hombres y mujeres”.
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