«Espero que las próximas cumbres internacionales de las Naciones Unidas —la Conferencia sobre el Cambio Climático de 2025 (COP 30)— escuchen el clamor de la Tierra y el clamor de los pobres, las familias, los pueblos indígenas, los migrantes involuntarios y los creyentes de todo el mundo». El papa León XIV a los participantes en la conferencia «Brindando Esperanza”.

Esta semana arranca en Belém do Pará (Brasil) la Cumbre del Clima, que reunirá a representantes de todos los Estados para negociar acuerdos alrededor de 6 pilares estratégicos ( Agenda de Acción)  en el abordaje de la crisis climática:

1) Transición de la energía, la industria y el transporte; 2) Gestión de bosques, océanos y biodiversidad; 3) Transformación de la agricultura y los sistemas alimentarios; 4) Construcción de resiliencia para ciudades, infraestructura y agua; 5) Fomento del desarrollo humano y social, y 6) Liberación de habilitadores y aceleradores transversales, incluyendo finanzas, tecnología y creación de capacidades.

A diez años del Acuerdo de París y de la publicación de la encíclica Laudato Si´ del papa Francisco, constatamos que no hemos hecho lo suficiente, pero que todavía estamos a tiempo de revertir la actual crisis socioambiental, si ponemos en juego el conocimiento científico y técnico del que disponemos y si hacemos un abordaje ético desde la ecología integral, que destaca las conexiones entre el cuidado del planeta y el cuidado de las personas.

Desde diferentes organizaciones y ámbitos de la Iglesia se proponen reflexiones y recomendaciones para que esta cumbre sea un “punto de inflexión” en el camino hacia una justicia climática. Algunas de estas propuestas son:

  • Justicia en la acción: los actuales compromisos climáticos son insuficientes. Las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) que se han presentado hasta ahora no garantizan que se consiga el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5º. Debemos reclamar planes más drásticos y calendarios vinculantes para conseguir los objetivos de reducción de emisiones de CO2, responsables del calentamiento global. Por otro lado, detener la deforestación, ya que los bosques son por un lado el hogar de muchas comunidades indígenas, reductos de biodiversidad y sumideros de carbono.
  • Justicia en la transición: la necesaria transición productiva y energética no contaminante debe ser realizada desde un criterio moral y social que no reproduzca nuevas formas de pobreza y colonialismo. Debemos reclamar empleos dignos, protección social, apoyo a la agricultura sostenible y una gestión equitativa de los minerales críticos, que impida el extractivismo y la expoliación de pueblos y ecosistemas.
  • Justicia en las finanzas: la financiación climática debe tener en cuenta las responsabilidades diferenciadas, basadas en la contribución histórica al cambio climático.  Es decir, la inversión para realizar la transición productiva y energética y el apoyo financiero para mitigar los daños y pérdidas que ya produce la crisis climática, y que sufren en mayor grado los más vulnerables, no es una cuestión de ayuda o caridad de los países desarrollados, sino una cuestión de justicia restitutiva. Es la llamada “deuda ecológica” que la Iglesia en este año jubilar ha denunciado con insistencia.  Esperamos avances en el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG), la reforma de los bancos multilaterales y la capitalización sostenida del Fondo de Pérdidas y Daños, establecido para compensar a las naciones más vulnerables por los impactos inevitables del cambio climático.

En los próximos días, en el corazón de la Amazonía, habrá una nueva oportunidad para que la justicia, el bien común, la dignidad humana y la vida sobre la Tierra sean defendidas por nuestros dirigentes. No seamos solo espectadores, contribuyamos con nuestro seguimiento de la cumbre a través de los medios, con nuestra reflexión personal, familiar, comunitaria. Expresemos nuestra preocupación y nuestro compromiso. Os invitamos a hacer un pequeño gesto, siendo parte de la Campaña “Convirtamos la esperanza en acción” del Movimiento Laudato Si´, que nos propone aportar nuestro compromiso como parte de las Contribuciones Determinadas de los Pueblos (PDC). Podéis hacerlo en el siguiente enlace: https://raisinghope.earth/es/accion/

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