Somos una comunidad religiosa inspirada por Mary Ward y queremos vivir nuestra Espiritualidad y compartirla con las personas con las que convivimos y trabajamos

 

facebook Facebook  |  twitter Twitter  |  youtube YouTube  sobre web  Suscríbete a nuestro boletín 

Vivir la vida con entusiasmo

Margaret O'Shea es un joven religiosa de IBVM- Loreto en Irlanda. El pasado 29 de abril, celebración del "Domingo de vocaciones", participó en una pequeña homilía en la Iglesia de Gardiner, donde habló de su vocación, del entusiasmo por la vida y la alegría de vivir con pasión las cosas que hacemos en nuestro día a día.

Margaret O'Shea, religiosa del IBVM Irlanda Margaret O'Shea, religiosa del IBVM Irlanda Compartimos sus palabras explicando qué es para ella la vocación. 

"Hola a todos y todas. Mi nombre es Margaret O'Shea y formo parte de la Congregación de Loreto desde 2008. Desde entonces, a la vez que he seguido mi formación como Religiosa de Loreto, he estado estudiando para convertirme en profesora de secundaria; dos formas de vida, dos elecciones que muy a menudo llevan la palabra "vocación" muy unida a ellas, así que, si me 'aguantáis' por unos minutos, voy a intentar compartir con vosotros mi historia en este Domingo de Vocaciones.

 

Hace un par de semanas, estaba viendo el programa de la televisión NCIS (Naval Criminal Investigative Service), y en ese capítulo, uno de los protagonistas acababa de empezar una relación, y sus dos compañeros de piso trataban de imaginarse cómo le había cambiado esto la vida, cuando uno de ellos dijo "ya sé lo que es – ahora vive con entusiasmo". Para mí, la vocación es algo parecido a eso: tener entusiasmo en lo que hacemos, un pequeño cosquilleo en la tripa, o, como dijo Pedro Arrupe: "lo que te hace levantarte de la cama cada mañana". Es entrar en contacto con nuestro propósito en la vida- que puede ser algo que nos rete en nuestras grandes decisiones, pero que, más allá de eso, también puede ser un reto para las pequeñas cosas de nuestro día a día".

Hace unos años, cuando acababa de terminar la Universidad y me fui a vivir a Dublín para trabajar, me encontré a mi misma sin este entusiasmo por la vida. A pesar de que trabajaba con gente estupenda, buen trabajo y unos amigos maravillosos, cada día me veía a mí misma contando los días para el fin de semana –sólo 4 días más, 3 días más...– Seguro que os hacéis la idea. Básicamente, estaba desechando mi vida (sin darme cuenta de ello) y siempre esperando algo más. Empecé a pensar seriamente qué estaba haciendo con mi vida, qué era lo bueno y qué quería cambiar. Rápidamente me di cuenta que los mejores momentos de cada semana eran el tiempo que estaba ayudando, como parte del grupo de Liturgia, a preparar el Coro de Gospel de la Iglesia, o el rato que pasaba en el club de jóvenes por las tardes. Durante estos ratos es cuando mejor me sentía, más viva, así que decidí dedicar más tiempo al voluntariado y, bueno, fui muy afortunada, porque pude participar en el Magis-Across the road, lo que me permitió viajar dos veces a Colombia para trabajar en un orfanato para niños en Bogotá. Además, me uní a la Comunidad de Voluntarios Jesuitas en Ballymun, un programa de un año en el que la gente vive junta durante un año y se dedican plenamente al voluntariado.
Durante este año, trabajé en un proyecto de actividades extraescolares para niños, y también con personas sin hogar, en el Centro Jesuita de Fe y Justicia. A través de estas experiencias y la gente que conocí, comencé a darme cuenta de que Dios no es un Dios alejado de nuestras experiencias diarias, sino que está presente en absolutamente todo lo que hacemos, si estamos abiertos a ello.
Fueron estas experiencias las que me llevaron a tomar la decisión de unirme a la Congregación de Loreto. Y ahora que os estoy contando mi historia, me doy cuenta de que es fácil hacerlo sonar como un precioso cuento de hadas: no estás enteramente feliz con las cosas, te propones un cambio, tienes experiencias maravillosas y de ahí tomas la decisión de unirte a una orden religiosa, convertirte en monja y, por supuesto, vivir feliz y ¡comer perdices para siempre!.
Pero creo que todos sabemos que incluso en los cuentos de hadas las cosas pueden ponerse bastante feas –no importa qué decisión hayamos tomado: casarnos, permanecer solteros, unirse a la vida religiosa, trabajar en un área en lugar de otra, tener hijos...– sea lo que sea, todos tenemos días malos, tiempos difíciles, y eso es lo que me hace pensar que no es una casualidad que el Domingo de Vocaciones se celebre en este momento del año. Todos sabemos lo que pasa en vísperas de Semana Santa, pero quizás por un momento podríamos pensar en la perspectiva de los apóstoles: Jesús, su amigo, es arrestado, golpeado y torturado para terminar muriendo en la cruz. Todo esto les provoca tanto miedo que algunos de ellos incluso le abandonan. Además, las mujeres van a su tumba y el cuerpo ya no está allí, alguien les dice que "ha resucitado" y ellas tienen que hacer lo posible por encontrarle un sentido a todo eso.
Pero es obvio, cuando leemos el evangelio de Los Actos de los Apóstoles, ellos están sobrepasados por la tristeza, la ansiedad, por el miedo y la duda. No es hasta Pentecostés, un par de semanas más tarde, cuento encuentran el Sagrado Espíritu, que son capaces de volver a seguir con sus vidas, sus trabajos, sus vocaciones. Celebrar las vocaciones un Domingo en este época del año, es un recuerdo para todos nosotros, no importa cuál sea nuestra vocación, de que probablemente no será fácil, pero esa no es toda la historia. Porque en los momentos en los que nosotros, -como el cordero en el Evangelio de hoy, que esté dando vueltas en círculos, acercándose a la puerta pero no siendo capaz de pasar a través de ella-, tenemos miedo y nos sentimos atrapados, Dios, el Dios pastor, está ahí para nosotros.
También sé que en los momentos de miedo y duda, volverse hacia Dios o hacia Jesús, tomándose tiempo para pensar qué es lo que está pasando, puede ser la cosa más difícil, porque todo lo que queremos hacer es echar a correr. Pero tomar la decisión de parar de correr, y volvernos a Jesús en esta situación, y decirle lo que no está pasando, eso es precisamente lo que marca la diferencia –puede ser una fuerte de esperanza, de tranquilidad, y darnos ese entusiasmo que nos hacía falta.
Asique esta noche, mi oración, mi esperanza para cada todas y todos vosotros es que, independientemente de vuestra vocación, cuando lleguen los tiempos duros, seáis capaces de volveros hacia Dios, ver lo que está en vuestro corazón y encontrar vuestro entusiasmo.

 


 

contacto espanola   contacto red   contacto enelemundo