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Comentario del Evangelio desde la Espiritualidad de Mary Ward

Evangelio, 29 de junio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-19):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Reflexión desde la Espiritualidad de Mary Ward

Dos grandes hombres, dos grandes santos, apasionados y valientes, pecadores que supieron amar hasta dar sus vidas, su palabra y su sangre. Su respuesta a Jesús fue radical y aunque Pedro cayó ante el miedo, supo reaccionar, llorar y asumir la gran responsabilidad de ser la Piedra y la unión de esa Iglesia que siempre sería santa y pecadora, pero es Su Iglesia... Hoy pedimos con fe por Francisco y por Benedicto XVI para que el Espíritu les llene de Dios en el servicio orante tan necesario, y a nuestro nuevo Pastor le dé la fuerza y la misericordia para saber como orientar y conducir a los hombres y mujeres de este mundo tan roto. A nosotras/os que nos conceda el espíritu de Mary Ward, que fue valiente y apasionada, que entregó su vida, su salud y su honra por su fe. De su segunda visita a Urbano VIII, en su petición, refleja su fidelidad al Papa, cuando le dice que si a Su Santidad y a los cardenales les parecía que debía desistir de tal empeño (la aprobación de su Instituto), se sometería inmediatamente a su decisión, considerándola como la voluntad de Dios, pero de lo contrario, ella no podía por fidelidad a Dios, cambiar su plan...

 


 

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