Evangelio, 21-05-2014

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, corno el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Comentario desde la Espiritualidad de Mary Ward:

Salvando las distancias, esta lectura me recuerda a la Primera Carta de San Pablo, Iglesia como un solo cuerpo, con diferentes miembros, ministerios, formas de ser, de actuar, de estar. Jesucristo, verdadera vid, y por tanto llamados a ser uno en Él, por vocación y por nuestro mismo ser cristiano. Pero, ¿qué sarmientos somos? ¿De los que damos fruto? ¿O quizá nos tengan que podar para volver a Cristo?
Mary Ward vivió como un buen sarmiento adherido a su vid, dando frutos de justicia, de alegría, de vida, de amor, y eso es también lo que le pedía a sus religiosas de su Instituto y lo que Dios nos pide hoy a todas las personas relacionadas con él

Espiritualidad de Mary Ward

 


 

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