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Día Mundial contra la Esclavitud Infantil

El 16 de abril de 1995 moría asesinado Iqbal Masih, un niño esclavo pakistaní. Su vida fue un testimonio de lucha por la libeUn niño trabajando en condiciones infrahumanasUn niño trabajando en condiciones infrahumanasración de otros niños esclavos. Desde entonces, es referente para miles de personas de buena voluntad en su lucha contra la esclavitud infantil. El Movimiento Cultural Cristiano lanzó la campaña internacional contra las causas de la esclavitud infantil, proponiendo que el 16 de abril sea considerado Día Mundial contra la esclavitud infantil.

 

 

¿Ha muerto de verdad Iqbal Masih? No. Vive en tantos niños y niñas que hoy, en el siglo XXI, están condenados en esa misma experiencia. La esclavitud existe y sigue moviendo13.000millones de euros al año.

Dónde la encontramos:

En las últimas décadas las mafias de traficantes y contrabandistas introdujeron a unas 35.000 personas al año en Europa occidental a través de Trieste (Italia). A miles de kilómetros de Europa, otros grupos de inmigrantes huyen de América Central hacía “el norte”, hacia los EE.UU. Entre ellos un colectivo de grandes dimensiones es la infancia.

En la India y Afganistán, niños y niñas trabajan en la industria del ladrillo cargando con pesadas cantidades de éstos mientras los hombres alimentan el fuego. Los dueños de los hornos reclutan a los niños entre las familias humildes, a las que prestan dinero para la asistencia médica o la celebración de un funeral. Los intereses desorbitados de los préstamos perpetúan la deuda, que pasa de padres a hijos.

Brasil, donde los esclavos hacen el carbón usado en la fabricación de acero para automóviles y otras piezas de maquinaria.

En Myanmar (Birmania), cosechan caña de azúcar y otros productos agrícolas. En China, los niños esclavos preparan explosivos y fuegos de artificio utilizados en la pirotecnia. En Sierra Leona, se surte de esclavos para extraer los diamantes de las minas. En la República Democrática del Congo, muchos niños son esclavizados y explotados en la extracción de la casiterita y coltán, elementos usados e indispensables para los PC, mp3, teléfonos móviles y un sin fin de instrumentos que  cotidianamente usamos los/as  que habitamos en el llamado “primer mundo”.

En Benin y Egipto, los esclavos producen algodón. Se calcula que un millón de niños son forzados a trabajar en el sector algodonero porque son más baratos y obedientes que los adultos y tienen la estatura idónea para inspeccionar las plantas de algodón. En Costa de Marfil, unos 12.000 niños recogen las semillas del cacao que se exportan para la elaboración del chocolate.

¿En España?

Indirectamente esta esclavitud entra a formar parte de nuestra vida de cada día. De hecho, puede ser que los plátanos que comemos y el café que gustamos estén empapados del sudor de muchos niños y niñas latinoamericanos/as o africanos/as. Puede ser que las alfombras que pisamos estén tejidas por esclavos adultos o niños paquistaníes; cortinas, camisas, joyas y otros manufacturados podrían ser fruto del trabajo oculto y forzado de menores  de la India; balones y juguetes de nuestros niños podrían gotear sangre de tantos menores asiáticos y caribeños.

Las esclavitudes han cambiado. Han evolucionado las formas de violencia, de constricción, de transporte, de rescate, de compra, de explotación y de venta de las victimas. Actualmente esta muy unida al comercio de seres humanos, mujeres y niños, lo que se llama la “trata de personas”.

Desde la Palabra de Dios

Dios, que decidió liberar a Israel de su esclavitud en Egipto (Ex 3, 7-10 , 6,6), no tolera la explotación de personas indefensas. El Dios de Israel se identifica con los pobres, huérfanos y viudas, con los que eran victimas fáciles de explotación (Ex 22, 20 y 23,9, Deut 10,19). Está en las entrañas de Dios responder al grito de los oprimidos y oponerse a los poderosos que explotan a los débiles (1 Sam 10,18; Sal 146, 7-8, Pro 14).

Jesús reconoció que su propia misión era “llevar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los cautivos, dar libertad a los oprimidos” (Lc 4,18).

Mirada profética

"Queremos escuchar la voz de Dios en el gemido de los millones de niños y niñas que se debaten entre la vida y la muerte y en los gritos de su humanidad ultrajada. Y ahí, permanecer en pie con la sensibilidad bien abierta, sosteniendo el tirón de buscar con otros y otras cómo hacer histórico el sueño de Dios sobre esta parte frágil de la humanidad compartiendo juntos compasión e indignación, contemplación y esfuerzo,  escuchando las ansias profundas de la humanidad de que otro mundo es posible, reconociendo que ése es el anhelo mismo de Dios, porque Dios es el Dios del mundo y nada de lo humano le es ajeno".

(Pilar Wirtz y Mª José Torres, “Qué vida religiosa para otro mundo posible”, Revista Confer nº 174, vol. 45, 2006).


Todavía resuena en nosotros la pregunta que se hacían las mujeres mientras se dirigían al sepulcro donde habían enterrado el cuerpo de Jesús: “¿Cómo podremos mover una piedra tan pesada?” (Mc16,3). Esa piedra que impide la solidaridad, la justicia que imposibilita el derecho a una vida digna, el derecho a la educación, al juego, a  gozar de  los afectos  familiares, el derecho a la salud y  a todos los derechos de la Infancia que se escriben en las legislaciones internacionales.

No hay que escatimar ningún esfuerzo para instar, a las autoridades civiles sus responsabilidades, para combatir estas injusticias y brindar a todos los niños y niñas la protección legal que merecen por justicia. “Creer es el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, queden olvidados para siempre”. (José Antonio Pagola).

 

Fuente: IVICON, Agencia de Información de Vida Consagrada

 


 

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