Aquí encontrarás reflexiones, textos, imágenes y mucho más, siempre desde la Espiritualidad de Mary Ward

11.- Roma. Su cruz y su gloria

El Papa Gregorio XVEl Papa Gregorio XVMary Ward sabía que la causa era difícil, pero confió en Dios y en la postura amable del nuevo pontífice, Gregorio XV, el cual, escribiendo más tarde a la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, alabó a Mary y a sus compañeras terminando con estas palabras: "Nos alegramos de que muchas jóvenes se agrupen bajo la bandera que ella levanta".

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10.- De Bruselas a Roma, a pie y cruzando los Alpes en invierno

El deseo de constituir una orden de pleno derecho y de solucionar la controversia que se iba creando respecto a su modo de vida, movió a Mary Ward en 1616 a enviar un "memorial" explicando el plan al papa Paulo V para que aprobara el Instituto. La primera respuesta de la Santa Sede no pudo ser más alentadora, pues el mismo Papa recomendaba al obispo de St. Omer que las tomara bajo su protección y el nuncio de los Países Bajos recibía instrucciones describiéndolas como de gran utilidad para toda la Iglesia y de necesidad vital para Inglaterra.
Animadas Mary Ward y sus compañeras por esta buena acogida de Roma, decidieron fundar una casa en Lieja y un colegio. Un año más tarde, se abrió también allí un noviciado. Por último, el príncipe-obispo de Lieja, hermano de Maximiliano de Baviera, les pidió que fundaran en Colonia y Tréveris, abriendo colegios allí. Ahora era natural que Mary pretendiese salir del periodo de provisionalidad, consiguiendo una garantía que ahuyentase todo temor o recelo de la gente. Y decidió ir personalmente a Roma a gestionar el asunto y la aprobación de su Instituto con la Santa Sede.

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09.- Proyecto y oposición en marcha

Para poder trabajar además en otros campos, asumiendo riesgos apostólicos de todo tipo, Mary Ward abrió una casa en Londres en 1614, pues ya contaba con suficientes miembros jóvenes, que empezaron a trabajar con ella al estilo de lo realizado anteriormente en solitario. Su acción llegó a ser tan molesta para las autoridades protestantes que el mismo arzobispo de Canterbury afirmaba que Mary Ward era más peligrosa que seis jesuitas juntos y que había canjeado a estos, sacándolos gustoso de las prisiones, por tenerla a ella encarcelada. Enterada de esto, Mary fue al mismísimo Palacio de Lambeth, sede del Arzobispado, vestida de sus mejores galas y acompañada de varias compañeras algo atemorizadas. Pidió ver al prelado y, al saber que no podía o no se atrevía a recibirla, le dejó este mensaje grabado en el cristal de la ventana con un anillo de diamante: "He estado a visitarle. Mary Ward".

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08.- Misión educadora de la mujer

Es interesante señalar la importancia que Mary Ward dio a la educación de la mujer, en una época en que esta idea distaba mucho de la general del momento. Ella pensaba que había que educar a niñas y jóvenes de todas las clases sociales, y fue la primera en realizarlo. Aunque el Concilio de Trento había insistido en acomodar la educación para niñas de acuerdo con la vida conventual, sus planes fueron ajustar la Vida Religiosa a las necesidades de la educación. Para ella, las asignaturas, aunque necesarias para aprender, eran tan solo medios para un fin que era la formación integral de la persona. Educar era mucho más que una formación intelectual, ya que comprendía, además, los problemas cívico-morales de su tiempo.

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