Aquí encontrarás reflexiones, textos, imágenes y mucho más, siempre desde la Espiritualidad de Mary Ward

08.- Misión educadora de la mujer

Es interesante señalar la importancia que Mary Ward dio a la educación de la mujer, en una época en que esta idea distaba mucho de la general del momento. Ella pensaba que había que educar a niñas y jóvenes de todas las clases sociales, y fue la primera en realizarlo. Aunque el Concilio de Trento había insistido en acomodar la educación para niñas de acuerdo con la vida conventual, sus planes fueron ajustar la Vida Religiosa a las necesidades de la educación. Para ella, las asignaturas, aunque necesarias para aprender, eran tan solo medios para un fin que era la formación integral de la persona. Educar era mucho más que una formación intelectual, ya que comprendía, además, los problemas cívico-morales de su tiempo.

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07.- El carisma fundacional

La última iluminación que Mary Ward tuvo en 1615 vino a culminar el camino emprendido y constituye una pieza fundamental para conocer su espiritualidad. No solo la concibió como un programa de santidad personal, sino que la expuso a sus seguidoras como un alto ideal a realizar por todas aquellas personas que siguieran la vocación a su Instituto. Esta visión, llamada del "alma justa" o de la persona recta, como diríamos hoy, recoge las tres características que ella deseaba para sus compañeras: libertad, justicia y sinceridad, que no son un fin en sí mismas, sino que ayudan para poder consagrar la vida a la mayor gloria de Dios y a ejercer un apostolado encaminado al mayor bien de la humanidad.

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06.-La innovación

La espectacular innovación fue crear un Instituto religioso femenino nuevo cuyos miembros, sin renunciar a la vida comunitaria, no estuvieran condicionadas, en el ejercicio de la actividad apostólica, ni por el coro ni por la clausura ni por el hábito, pudiendo moverse libremente, y que se constituyeran en una única gran corporación, bajo el gobierno de la superiora general, dependiendo directamente del Papa. La idea no cuadraba con ningún patrón canónico vigente. Por eso, olía poco menos que a desafío y derribo. Era casi una heterodoxia.

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05.- Tras los pasos de Ignacio de Loyola

En esta segunda vuelta a St. Omer había un horizonte más despejado y una ilusión más esperanzadora. Aquí llevaron una vida comunitaria y se dedicaron a la educación de las niñas y jóvenes, fundando su primer colegio al estilo del que muy cerca tenían los jesuitas. Fueron aquellos años decisivos, como lo son, para todo Instituto religioso, sus comienzos. La Iglesia se iba a enriquecer con una institución nueva, distinta de las ya existentes. Se las empezó a llamar "damas inglesas" o "jesuitesas" por su empeño en reproducir la forma de ser y de actuar de los jesuitas. El Señor les dio a entender su vocación precisamente cuando el Concilio de Trento había venido a imponer la clausura en la Vida Religiosa femenina. Entonces se pensaba que "las monjas, donde mejor están, es encerradas". Se creía que la mujer no servía para hacer nada importante...

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