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Noticias del Instituto

«¿Podrías meter todas tus posesiones en una bolsa de plástico?»

Varias IBVM de Estados Unidos se unen a compañeras que trabajan en la frontera de EEUU con Méjico y cuentan su experiencia

 

Frances McCarronFrances McCarronFrances McCarron, Ibvm, y Andy Wells, del IBVM de Fénix, visitaron la Iniciativa Kino Border, en Nogales, Méjico.

La KBI, iniciales para referirse al proyecto de los Jesuitas denominado KINO Border Initiative, está en la ciudad de Nogales, que se encuentra a caballo entre Arizona, a la que pertenece la mitad de la ciudad, y Méjico, al que pertenece la otra mitad de la ciudad.

Al llegar a Nogales, lo primero que se ve es la valla de la frontera que separa el lado estadounidense del lado mejicano. Las tres compañeras a las que acompañaron Frances y Andy, hacen este viaje cada mes. Llevan ropa y artículos de aseo personal que les han dado compañeras del IBVM y amigos de Mary Ward.

Andy se quedó en el lado estadounidense y Frances pasó al lado mejicano.

Frances trabajó en un comedor improvisado, con capacidad para unas 40 personas donde se daban tres turnos de comida y otros tantos de cena. Las personas que acudían allí eran solicitantes de asilo principalmente de Honduras, Salvador y Guatemala. Todas ellas tenían historias de sufrimiento y esfuerzo. Se les daba de comer tortillas, arroz, alubias y huevos. Al terminar unos, se lavaban los platos y llegaban los siguientes. Al terminar la comida, daba tiempo a limpiar la estancia para comenzar los turnos de la cena. Había un médico en un rincón y un jesuita en otro, que atendían las preocupaciones de todas las personas que lo solicitaban. Este servicio está abierto siete días a la semana. Al partir, todas las personas muestran un sincero agradecimiento. Los solicitantes de asilo tienen 14 días para que se considere su caso. Cuando salen del comedor, las mujeres y los niños van a un refugio y los hombres se dirigen al cementerio local, donde duermen sobre las losas de cemento. Todos ellos vuelven al día siguiente para comer.

Lisa Grant - Wilma MartinLisa Grant - Wilma Martin Mary Novotny, Frances McCarron y Wilma MartinMary Novotny, Frances McCarron y Wilma Martin

“Este hermoso ministerio es emotivo y satisfactorio. Las compañeras que nos han recibido, Mary Novotny, Lisa Grant y Wilma Martin, llevan trabajando aquí muchos años. Nosotros, Andy y yo, ¡vamos a volver!”, asegura Frances McCarron, Ibvm.

 

 

Andy WellsAndy WellsAndy Wells, Property Manager del IBVM en Fénix, por su parte cuenta que la hermana Frances y él llevaban meses hablando de viajar a Arizona para ser voluntarios en la misión de la frontera con otras personas compañeras de Mary Ward.

La parte estadounidense, donde le toco a él quedarse a trabajar era un edifico sencillo y modesto, se apreciaba claramente que todos los recursos iban destinados al trabajo de la misión. El jesuita Javier le contó la historia de la misión. Le explicó que al escuchar las historias humanas y las luchas de las personas que llegan a la frontera para solicitar asilo, te hace pensar. Inmediatamente, te das cuenta de que las noticias no hacen justicia a estas luchas. Hay muchos factores en este asunto y no se pueden resumir en una noticia.

Andy dedicó la mañana a preparar paquetes de artículos de aseo personal para entregar a los hombres del lado mejicano, en un almacén lleno de donaciones. Cepillo y pasta de dientes, jabón, champú, etc. La mayoría de estos kits eran para hombres que habían estado viviendo en los Estados Unidos, pero habían sido deportados a Méjico. Sus mujeres e hijos permanecían en los Estados Unidos. Su única esperanza era apelar la deportación con la ayuda de un abogado, pero los abogados cuestan mucho dinero.

Antes se acercaban a la valla a ver a sus familias y podían alcanzar a tocar a sus hijos con la mano, pero ahora el gobierno norteamericano está poniendo una rejilla para que no puedan hacer eso más.

A media tarde, emprendieron el viaje de vuelta a Fénix, más de 3 horas de coche. A unos 64 kilómetros, los vehículos que vuelven de la frontera deben pasar un control policial. Oficiales con armas de fuego militares y perros revisan los coches uno por uno.

Toda esta experiencia despertó un montón de sentimientos en Andy, pensando en la difícil situación de estas personas desesperadas y qué han tenido que pasar para tomar la decisión de coger a toda la familia y caminar durante meses hasta la frontera, con la esperanza buscar una vida mejor. “También me pregunto por el momento en que los oprimidos que logran entrar en nuestro país, comienzan una nueva vida. En ese momento sus historias se mezclarán con las nuestras, enriqueciendo el tejido de esta nación”.

“Las últimas tres frases del poema de Emma Lazarus, ‘El nuevo Coloso’, del siglo XIX (inscrito en el pedestal de la estatua de la libertad), resuenan en mi mente”, concluye Andy.

“Dadme a vuestros rendidos, a vuestros desdichados,

a vuestras hacinadas muchedumbres que anhelan respirar en libertad.

Enviadme a éstos, los desamparados, los que por la tempestad son azotados.

¡Yo alzo mi antorcha junto al puerto dorado!”.

 

Jean Okroi, IbvmJean Okroi, IbvmJean Okroi, Ibvm, acudió durante unos días como voluntaria a otro Proyecto: una de las 13 Casas de Hospitalidad de la Anunciación, en El Paso, Tejas. www.annunciationhouse.org

Reconoce la experiencia como maravillosa y agotadora. Volvió a casa con sinusitis. Todos los refugiados estaban enfermos, “así que todos los voluntarios nos las arreglamos para hacernos con algunos gérmenes también”. Había desde gripe y resfriados hasta varicela y paperas. Llevaron a un niño de 5 años a urgencias al hospital, y a Jean no se le iba de la cabeza ese pequeño y su padre, cómo tendrían que estar en el hospital sin hablar inglés, viniendo como venían de una aldea maya, sin agua corriente ni electricidad.

Cada día se empezaba a trabajar a las 7 menos cuarto de la mañana y no se paraba durante 8 o 10 horas. No había tiempo ni para sentarse. La gente a la que se atendía era muy cariñosa y agradecida. Vio a personas de entre solo 5 días hasta un hombre de 46 años. Casi todo el mundo estaba entre los 20 y los 30 años. A veces la comunicación, sin saber inglés los unos ni español ella, consistía en sonreírse mutuamente y parecía suficiente.

“Reí y lloré todos los días por algún u otro incidente. Hoy, llevo a estas personas en mi corazón y mis oraciones”, asegura Jean, recordando tantas y tantas historias duras de personas que solo buscaban una vida mejor.

“¿Podrías meter todas tus posesiones en una bolsa de plástico? –pregunta- ¡ellos lo hacían!”.

(Resumen del bloletín de la Provincia estadounidense del IBVM del mes de abril, 2019)

 


 

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